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Varicela: síntomas, días de contagio y riesgos en niños y adultos

miércoles, 11 de febrero de 2026

La varicela es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes en la infancia, pero eso no significa que sea irrelevante o que deba banalizarse. Cada año siguen apareciendo dudas en consulta que se repiten: cómo empieza la varicela, cuánto dura, cuándo deja de contagiar, si puede ser peligrosa o qué ocurre si un adulto la pasa por primera vez. La percepción social de que es una enfermedad “leve” a veces lleva a infravalorarla, cuando en realidad es una infección vírica que merece ser entendida con claridad.

Está causada por el virus varicela-zóster, un microorganismo altamente contagioso que se transmite con enorme facilidad en entornos escolares y familiares. Aunque la vacunación ha reducido su incidencia, sigue habiendo casos, especialmente en niños no inmunizados o en adultos que no desarrollaron inmunidad en la infancia. Además, el virus no desaparece tras la infección inicial, sino que permanece latente en el organismo durante toda la vida.

Cuando la varicela entra en casa, lo que se necesita no es un exceso de información técnica, sino respuestas claras: qué va a pasar en los próximos días, qué es normal y qué no, y en qué momento conviene consultar. Tener ese marco ayuda a vivir el proceso con tranquilidad y a reaccionar con rapidez si algo se sale de lo esperado.

¿Qué es la varicela y cómo se transmite el virus?

La varicela es una infección vírica aguda provocada por el virus varicela-zóster, perteneciente a la familia de los herpesvirus. Tras el primer contacto con el virus, el organismo desarrolla una respuesta inmunitaria que suele conferir protección duradera. Sin embargo, el virus no se elimina por completo, sino que permanece en estado latente en los ganglios nerviosos, pudiendo reactivarse años después en forma de herpes zóster.

La transmisión es extraordinariamente eficaz. El virus se propaga por vía aérea mediante pequeñas gotas respiratorias que se liberan al hablar, toser o estornudar. También puede contagiarse por contacto directo con el líquido contenido en las vesículas cutáneas. Esta doble vía de transmisión explica por qué, cuando aparece un caso en una clase o en el entorno familiar, el contagio suele producirse antes incluso de que se haya confirmado el diagnóstico.

Una de las dudas más frecuentes es cuándo contagia la varicela exactamente. El periodo de contagio comienza uno o dos días antes de que aparezca la erupción, cuando el niño o el adulto aún no presenta lesiones visibles. Este dato es clave porque favorece la propagación silenciosa. La capacidad de transmisión se mantiene hasta que todas las lesiones han evolucionado a costra, momento en el que el riesgo de contagio desaparece.

Cómo empieza la varicela y cuáles son sus síntomas

El inicio de la varicela puede resultar confuso, ya que los primeros síntomas no siempre son específicos. Es habitual que comience con fiebre moderada, malestar general, cansancio, dolor de cabeza o pérdida de apetito. En niños pequeños estos síntomas pueden pasar casi desapercibidos y el primer signo llamativo suele ser la aparición de la erupción cutánea.

La erupción es el rasgo más característico de la enfermedad. Aparecen pequeñas manchas rojizas que rápidamente evolucionan hacia vesículas llenas de líquido transparente. Estas lesiones producen un picor intenso y pueden distribuirse por todo el cuerpo, incluyendo cuero cabelludo, cara, tronco, extremidades e incluso mucosas como la boca. Un dato clínico típico es que las lesiones aparecen en distintos estadios al mismo tiempo, coexistiendo manchas, vesículas y costras.

Otra pregunta habitual es cuántos días dura la varicela. La enfermedad suele prolongarse entre siete y diez días, aunque las lesiones pueden seguir apareciendo durante los primeros cuatro o cinco días. Cuando dejan de surgir nuevas vesículas y todas las lesiones están en fase de costra, el proceso entra en resolución. El picor puede persistir hasta que las costras se desprenden de forma natural.

¿Cuándo deja de ser contagiosa la varicela?

La varicela deja de ser contagiosa cuando todas las lesiones están completamente secas y cubiertas por costra. Mientras existan vesículas activas con líquido, el virus puede transmitirse a otras personas susceptibles. Esta fase suele alcanzarse alrededor del quinto o sexto día desde el inicio de la erupción, aunque puede variar ligeramente.

Es importante no guiarse únicamente por la mejoría del estado general o por la desaparición de la fiebre. Aunque el niño se encuentre mejor, si todavía hay lesiones en fase vesicular sigue existiendo riesgo de contagio. Por este motivo, la reincorporación al colegio o a actividades grupales debe realizarse solo cuando el periodo contagioso haya finalizado por completo.

Varicela en niños: evolución habitual y posibles complicaciones

En la mayoría de los niños sanos, la varicela es una enfermedad autolimitada que evoluciona favorablemente con tratamiento sintomático. El objetivo principal es controlar la fiebre y aliviar el picor para evitar el rascado excesivo, que puede favorecer infecciones bacterianas secundarias en la piel. No todos los casos requieren tratamiento antiviral, que se reserva para situaciones concretas según criterio médico.

Las complicaciones en la infancia son poco frecuentes, pero existen. La más habitual es la sobreinfección bacteriana de las lesiones cutáneas, que puede manifestarse como enrojecimiento intenso, dolor o supuración. En casos mucho más raros pueden aparecer complicaciones neurológicas, como la cerebelitis, o afectación pulmonar.

Por ello, aunque el curso suele ser benigno, conviene vigilar ciertos signos de alarma. Fiebre alta que no cede, dificultad respiratoria, alteraciones del comportamiento, somnolencia marcada o lesiones que cambian de aspecto deben motivar una valoración médica. La clave está en no trivializar la enfermedad sin caer en el alarmismo.

Varicela y cicatrices, una preocupación frecuente

Una de las inquietudes más habituales en padres es si la varicela deja cicatrices. En condiciones normales, cuando las lesiones evolucionan sin complicaciones y no se manipulan, no suelen dejar marcas permanentes. El problema aparece cuando el rascado es intenso o se produce una infección secundaria.

El cuidado adecuado de la piel y el control del picor reducen significativamente el riesgo de cicatrización. Las costras deben caer de forma espontánea, sin retirarlas de manera forzada, ya que esto aumenta la probabilidad de que quede una marca residual.

Varicela en adultos: por qué puede ser más grave

Cuando la varicela aparece en la edad adulta, el riesgo de complicaciones aumenta de forma clara. La fiebre suele ser más alta, el malestar general más intenso y la erupción más extensa. Además, el sistema inmunitario del adulto responde de manera diferente, lo que puede favorecer una inflamación más marcada.

La complicación más temida en adultos es la neumonía varicelosa. Se trata de una afectación pulmonar que puede cursar con dificultad respiratoria, tos persistente y deterioro del estado general, requiriendo en ocasiones ingreso hospitalario. El riesgo es mayor en fumadores, embarazadas y personas con enfermedades pulmonares previas.

También pueden presentarse complicaciones neurológicas o afectación hepática, aunque son menos frecuentes. Por todo ello, ante la sospecha de varicela en un adulto que no la ha pasado previamente ni está vacunado, es fundamental acudir al médico desde el inicio de los síntomas para valorar la necesidad de tratamiento antiviral precoz.

Varicela en el embarazo

La infección por varicela durante el embarazo requiere especial atención médica. Aunque la mayoría de las mujeres en edad fértil ya son inmunes, cuando la infección se produce puede existir riesgo tanto para la madre como para el feto, dependiendo del momento de la gestación.

La varicela en etapas avanzadas del embarazo puede aumentar el riesgo de complicaciones respiratorias en la madre y, si ocurre cerca del parto, puede dar lugar a varicela neonatal. Ante cualquier contacto con un caso confirmado o sospecha de infección, la consulta médica debe ser inmediata para valorar medidas específicas.

Vacuna de la varicela y prevención

La introducción de la vacuna frente a la varicela en el calendario infantil ha supuesto una reducción significativa en el número de casos y en la gravedad de la enfermedad. La vacunación no solo protege de forma individual, sino que disminuye la circulación del virus en la comunidad.

En personas vacunadas que desarrollan la infección, la forma suele ser más leve, con menos lesiones y menor afectación general. Esto explica que algunos casos pasen casi desapercibidos o se confundan con otras erupciones leves.

La prevención también implica identificar correctamente el periodo contagioso y evitar el contacto con personas vulnerables, como recién nacidos, embarazadas no inmunes o pacientes inmunodeprimidos. Actuar con responsabilidad individual contribuye a proteger a quienes tienen mayor riesgo.

Cuándo acudir al médico ante una sospecha de varicela

Aunque la varicela suele ser leve en la infancia, no todas las situaciones deben manejarse en casa sin supervisión. La presencia de fiebre alta persistente, dificultad respiratoria, dolor intenso de cabeza, vómitos repetidos o alteraciones del nivel de conciencia exige valoración médica urgente.

En adultos, mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas o sistemas inmunitarios debilitados, la consulta médica debe realizarse desde el inicio del cuadro. El tratamiento antiviral precoz puede reducir la duración y la gravedad de la enfermedad en determinados casos.

La información rigurosa es la mejor herramienta para afrontar la varicela con serenidad. Conocer su evolución habitual, pero también sus posibles complicaciones, permite tomar decisiones adecuadas y actuar a tiempo cuando es necesario.

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Preguntas frecuentes sobre la varicela

Aunque la varicela es una enfermedad conocida, sigue generando muchas dudas prácticas cuando aparece el primer caso en casa. Las preguntas suelen repetirse en consulta y tienen que ver con el contagio, la duración, la reincorporación al colegio o la posibilidad de padecerla más de una vez. Resolver estas cuestiones con información médica clara ayuda a actuar con seguridad y evita decisiones precipitadas.

¿Puede un niño vacunado tener varicela?

Sí, aunque es menos frecuente y, en general, más leve. La vacuna frente a la varicela reduce de forma significativa el riesgo de infección y, sobre todo, la gravedad del cuadro. Cuando aparece en personas vacunadas, suele manifestarse con menos lesiones, poca o ninguna fiebre y una evolución más corta.

¿Se puede pasar la varicela dos veces?

Lo habitual es que la infección confiera inmunidad duradera y que no se repita. Sin embargo, en casos excepcionales puede producirse un segundo episodio, especialmente si la primera infección fue muy leve o existía alguna alteración inmunitaria. Lo más frecuente tras haber pasado la varicela no es una reinfección, sino la posible aparición de herpes zóster años después.

¿Cuántos días debe quedarse en casa un niño con varicela?

Debe permanecer en casa hasta que todas las lesiones estén en fase de costra y no aparezcan nuevas vesículas. Este momento suele alcanzarse alrededor del quinto o sexto día desde el inicio de la erupción, aunque puede variar ligeramente según cada caso. La mejoría clínica por sí sola no es suficiente para considerar que ya no contagia.

¿Es recomendable que los hermanos se contagien a propósito?

No. Aunque tradicionalmente se pensaba que era mejor “pasarla cuanto antes”, provocar el contagio de forma intencionada no es una práctica recomendable. La varicela, aun siendo leve en la mayoría de los niños, puede complicarse, y la vacunación es la estrategia preventiva segura y eficaz.

¿Qué ocurre si un adulto convive con un niño con varicela?

Si el adulto ya ha pasado la enfermedad o está vacunado, el riesgo es muy bajo. En cambio, si no tiene antecedentes claros de inmunidad, existe posibilidad de contagio y, en adultos, el cuadro puede ser más intenso y con mayor riesgo de complicaciones. En estos casos, es aconsejable consultar con el médico para valorar la situación individual.

¿Cuándo hay que acudir a urgencias?

Se debe buscar atención médica urgente si aparecen signos como dificultad para respirar, fiebre alta persistente que no responde al tratamiento, somnolencia marcada, vómitos repetidos o alteraciones del comportamiento. En adultos, embarazadas o personas con enfermedades crónicas, la valoración médica debe realizarse desde el inicio del cuadro.