La insuficiencia cardiaca es una enfermedad frecuente, especialmente en personas mayores, que aparece cuando el corazón pierde la capacidad de bombear sangre de forma eficaz. No significa que el corazón se detenga, sino que no trabaja con la fuerza suficiente para cubrir las necesidades del organismo. Esta situación puede provocar dificultad para respirar, hinchazón en las piernas, cansancio persistente y una reducción importante en la calidad de vida si no se trata adecuadamente.
Muchas personas buscan información tras escuchar el diagnóstico en consulta o cuando comienzan a notar síntomas como fatiga al caminar distancias cortas o sensación de ahogo al acostarse. Entender qué es la insuficiencia cardiaca, cuáles son sus causas y qué opciones de tratamiento existen ayuda a afrontar la enfermedad con mayor tranquilidad y a detectar señales de alarma a tiempo.
Aunque se trata de una patología crónica, los avances en el tratamiento han permitido mejorar notablemente el pronóstico. Un diagnóstico precoz, un seguimiento médico adecuado y la implicación del paciente en los cuidados diarios son claves para controlar la evolución de la enfermedad.
Qué es la insuficiencia cardiaca y por qué se produce
La insuficiencia cardiaca es la incapacidad del corazón para bombear sangre de manera eficiente. Esto puede deberse a que el músculo cardiaco se debilita y pierde fuerza o a que se vuelve rígido y no se llena correctamente. En ambos casos, la sangre no circula como debería y se produce una acumulación de líquidos en diferentes partes del cuerpo.
Entre las causas más frecuentes se encuentran la cardiopatía isquémica, el infarto previo, la hipertensión arterial mal controlada y las enfermedades de las válvulas cardiacas. También pueden influir determinadas miocardiopatías, infecciones o alteraciones del ritmo cardiaco. En muchos pacientes, la enfermedad es el resultado de varios factores acumulados a lo largo del tiempo.
La insuficiencia cardiaca no aparece de un día para otro. Suele desarrollarse progresivamente y sus síntomas pueden confundirse inicialmente con el envejecimiento o con problemas respiratorios. Por eso es importante acudir al médico cuando aparecen signos persistentes que no mejoran.